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martes, 15 de febrero de 2011

El Desterrado

Como apreciar la belleza de la luz, si el oscuro manto de la noche no cobijara nuestros sentidos, como desear el dulce néctar de la fruta, si la sed no hubiera consumido nuestra garganta, como resucitar si antes no morimos.

Como apreciar el amor en todas sus facetas, si no tuviera un origen pecador.

En el Valle del sufrimiento, debajo del árbol de lágrimas, con un cuerpo prestado y sin más tiempo que el presente, atado por las dolorosas cadenas del recuerdo, suspirando por todo aquello que no podrá ser; suplicamos “venga a nosotros tu reino”, por lo que el reino de Dios será dentro de nosotros en nuestro corazón, en nuestra conciencia, y cuando esto ocurra habremos resucitado de entre los muertos, de entre quienes no conocen y no han visto el rostro del señor, en el anciano, en el niño, en el necesitado; y con esto la muerte no nos alcanzará.

Adquirir conciencia es lo que se requiere, vivir en amor, no solo predicarlo, hacer mío el dolor de nuestros hermanos, solidarizarnos, compartir las alegrías, con lo cual estas se multiplicaran y hacer un esfuerzo por salir adelante no solo materialmente sino espiritualmente, al cabo que cielo y tierra pasaran, la materia, pero “la palabra”, el alimento del espíritu, es ancha, larga, profunda, vibrante, colorida y atemporal.

Nos convertimos en nuestros pensamientos, por medio de nuestras acciones, nada tan simple que escalar el monte más alto de nuestra conciencia para conocer la alegría o descender al más profundo abismo en nuestro inconsciente y llorar junto al espejo de nuestra tristeza.

Yo elijó sufrir, si y solo si, no tengo opción, paradójicamente no es elección, y por lo tanto lo único que nos quedaría por rescatar es la templanza y la convicción de que mi Dios es más grande que mi dificultad, con lo que no solo me a puesto a prueba, sino que también me ha otorgado la capacidad para salir adelante, por lo que estaré afirmándome a mi mismo en mis propias creencias.

Convertiré mi tristeza en una puerta para acceder a mi espiritualidad cada lamento se convertirá en una grada, en un peldaño más, pero la nube nunca me impedirá ver el sol, por que se que detrás de cada pesar existe una alegría, al fin y al cabo si no fuera por las primeras no sabríamos apreciar las segundas, este es nuestro yin yan emocional, quien lo conoce sabe que todo es transitorio, y hay que saber apreciar cada instante, cada nacimiento y cada muerte , cada amanecer y cada anochecer, cada lágrima que resbalando por la mejilla, coquetea con una sonrisa que todavía no nace.

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